Cuando los caballos viven en libertad, algo que ya no es muy habitual en nuestros días, la fertilidad de las yeguas es muy superior a la de las hembras en cautividad. Así, mientras que las primeras suelen tener un índice de fertilidad superior al 90%, en las segundas el porcentaje se reduce casi a la mitad.

Además, en estado de libertad, su conducta sexual suele ser bastante estacional, y sólo se muestran receptivas a los machos durante un espacio de tiempo limitado. De esta forma, adaptan sus períodos de celo a la primavera y el verano, en un ciclo sexual que se repite cada 21 días o hasta que un macho consigue fecundar a la hembra, para que los nacimientos tengan lugar el año siguiente, en el inicio de la estación cálida.

El proceso natural de fecundación se caracteriza por una fase de cortejo larga y una monta muy corta, que se reduce a menos de un minuto. Los mecanismos de cortejo permiten a los machos “presentarse” y a las yeguas elegir al mejor candidato de entre todos los pretendientes, para que proporcione a sus crías las mejores características de la raza.

Eso si nos referimos al proceso natural, porque hay que tener en cuenta que en la actualidad, y para garantizar el éxito del proceso, se utilizan fundamentalmente métodos de fecundación artificial, en los que se insemina a las hembras mejor preparadas y con mejores características genéticas para la reproducción, con el esperma obtenido de los mejores sementales.

En el proceso evolutivo, las hembras de mamífero, y las yeguas no son una excepción, han adoptado un proceso de fecundación interna, en el que el macho introduce los espermatozoides dentro del aparato reproductor de la hembra, para propiciar la inseminación.

Esto significa que las yeguas, como el resto de los mamíferos, son vivíparos, es decir, que la hembra mantiene el óvulo fecundado en el interior de su cuerpo, cuidándolo, protegiéndolo y alimentándolo a través de su sangre, hasta que el feto es viable para la vida.

El óvulo, fecundado por el esperma del macho, se acopla en el interior de útero, donde se forma la placenta. Esta es un órgano intermediario durante la gestación, entre la madre y el feto. Se adhiere a la superficie interior del útero y de ella nace el cordón umbilical, que permite que el embrión reciba de la madre los nutrientes y el oxígeno necesarios para su supervivencia.

La gestación

En las yeguas, el proceso del embarazo dura aproximadamente 11 meses, hasta que el potro está preparado para salir al exterior y empezar su vida fuera del seno materno. Pero este período de gestación puede variar, y tener una duración de entre 315 y 360 días, con una duración media de 340 días, dependiendo de diversos factores a tener en cuenta.

Como por ejemplo, que cuando las hembras son jóvenes el período puede ser algo más corto. El sexo del potro es importante también en la duración pues, de promedio, los machos tienen una gestación más larga. La temperatura exterior también puede influir, debido a que un estrés calórico puede ocasionar gestaciones más cortas. Influye incluso el momento en el que las yeguas queden preñadas, pues las que se quedan embarazadas a finales del verano, también tienen una gestación más corta que las que quedan encintas al inicio del año, probablemente por la escasez de pastos naturales, que impiden que el potro madure con más rapidez.

En este sentido, hay que resaltar que la alimentación es también un factor importante a tener en cuenta. Es primordial mantener un buen control nutricional en las yeguas, puesto que una alimentación sana y equilibrada dará vitalidad, peso y resistencia al feto, y reservas corporales a la madre, necesarias para la posterior lactancia del potro. Mientras que una mala alimentación alargará el período de gestación, además de que puede provocar problemas en los potros.

La gestación debe ser tranquila, pero eso no significa que el animal gestante deba estar encerrado en el box todo el día. Es indispensable, y muy beneficioso, el paseo y el ejercicio cotidiano suave. Nunca ejercicios violentos o de competición, que pueden crear estrés a la madre y afectar al desarrollo del feto. Tampoco son aconsejables los traslados en camión, sobre todo al principio y al final de la gestación, que deben ser evitados. Si es imprescindible un cambio de instalaciones, es conveniente hacerlo un mes antes del parto para que la yegua se adapte a su nuevo hogar.

Es imprescindible que un veterinario controle todo el proceso de la gestación, para cerciorarse de que se desarrolla normalmente, para que realice controles de parásitos y para que inocule a la yegua las vacunas necesarias y adecuadas, según los requisitos y necesidades de cada zona del país en la que esté el animal.

 

El procedimiento Caslick

En ocasiones, y dependiendo de las hembras y de la forma de sus genitales, se somete a las yeguas al denominado proceso Caslick, que consiste en suturar la vulva para reducir la posibilidad de contraer infecciones vaginales durante el embarazo.

El procedimiento fue desarrollado a principios de los años 30 del siglo pasado por el doctor Caslick, un veterinario francés, en respuesta a las infecciones genitales que se producían en las yeguas de pura sangre. Aunque el procedimiento está relacionado con la salud reproductiva no es su indicación exclusiva.

El proceso consiste en suturar la vulva, cuando se detectan anomalías de conformación, para crear una barrera contra los contaminantes, especialmente las heces de la propia yegua, que pueden caer directamente sobre la vulva y entrar en la zona genital provocando infecciones.

Esas anomalías pueden ser por la forma de la vulva, o por la deformación producida en algunas yeguas que han tenido varios potros y que no ha recuperado su forma original.

El parto

Para un criador o un cuidador, es un privilegio asistir al parto de una de sus yeguas y supone uno de los momentos más importantes en la labor de cría. Pone fin al desarrollo embrionario, y es el momento en el que comienza la vida del potrillo, fuera del útero, y el cuidado por parte de su madre.

En la mayoría de los casos, los partos se producen por la noche, cuando la yegua se encuentra más tranquila, y debe desarrollarse en una cuadra o un box amplio, iluminado, aireado pero sin corrientes, y con un lecho limpio. Es fundamental que el animal disponga de agua en abundancia, sobre todo para después del parto.

Algunas yeguas puede parecer que experimentan confusión o malestar durante horas, mientras que otras apenas se muestran molestas.

En raras ocasiones, el parto se produce de pie, pero si esto ocurre, será necesario estar pendiente para impedir que el potro caiga al suelo y se golpee, o que el cordón umbilical se rompa de forma brusca.

Si todo el proceso se desarrolla de forma natural, el potro saldrá primero con las patas delanteras y la cabeza apoyada sobre ellas. Si la presentación es posterior, o de nalgas, el parto será más largo y algo más difícil. En casos excepcionales, el potrillo puede venir atravesado, siendo más peligroso para el potro y la madre, por lo que el veterinario deberá intervenir de forma urgente.

Si es necesario ayudar a la yegua en el parto, es imprescindible mantener una estricta higiene y utilizar guantes higiénicos. Lo primero es romper o cortar la placenta, agarrar las patas del potro y tirar de ellas suave pero firmemente.

Después de expulsar al potrillo, es fundamental no molestar a la hembra, que deberá permanecer tumbada recuperándose del esfuerzo del parto, evitando así la rotura prematura del cordón umbilical. Este debe seguir uniendo a la yegua y al potro por al menos 15 minutos más, hasta su rotura, por movimientos naturales del potro o la yegua, o por intervención del veterinario. La placenta debe ser expulsada en las dos horas siguientes al parto y antes de seis horas.

El potro debe ser capaz de ponerse en pie antes de las dos horas desde su nacimiento, algo torpemente, eso sí, porque le falta fuerza en las patas y costumbre de hacerlo, pero a los pocos días será capaz de andar y correr sin problemas. Si el potro parece débil o no es capaz de ponerse de pie debe llamarse a un veterinario.

Asimismo, el potrillo deberá ser capaz de mamar antes de las 4 horas. Una yegua con experiencia puede ayudar a que el potro adopte la posición correcta para amamantar, pero si es primeriza puede necesitar un poco de ayuda para acostumbrarse a su potro y a sus intentos por agarrarse a la ubre. Es muy importante para el potro recibir el calostro de la yegua.

La yegua lo alimentará con la nutritiva leche procedente de sus glándulas mamarias, como hace cualquier otro mamífero, hasta que el potro adquiera la edad y las habilidades necesarias para alimentarse y sobrevivir sin depender de la madre.

Finamente, es recomendable que se realice al potro una prueba de extracción de sangre 12 horas después de su primera comida, para determinar los niveles de anticuerpos que posee su sistema.

Por Fernando J. Aguas

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