Un caballo puede avanzar de diferentes maneras, y las más conocidas son las denominadas marchas al paso, al trote o al galope. Aunque hay otras formas de desplazamiento que también vamos a recordar.

La más normal y relajada es la marcha al paso, en la que el animal levanta las patas una por una, y su avance es lento, tranquilo y cadencioso. Es el movimiento típico para emprender un paseo relajado, a lomos de un caballo, o para recorridos muy largos, en los que no existe una urgencia por llegar, y jinete y caballo, pueden caminar durante horas.

Otro de los pasos más normales del caballo es el trote. Cuando el equino camina al trote, apoya en el suelo, de forma simultánea y alternativamente, uno de los miembros anterior y posterior de los lados contrarios. Es un desplazamiento que se desarrolla a velocidad moderada, y que resulta cómodo para el jinete, y adecuado para afrontar terrenos abruptos. Esto se debe a que el cuerpo del animal se mantiene equilibrado en todo momento, al apoyarse en las patas cruzadas de ambos lados a la vez.

El trote no es igual en todos los animales, y la velocidad del avance es diferente de unos caballos a otros. Cada caballo tiene un paso distinto, que varía según las razas e incluso dentro de la misma raza, de unos ejemplares a otros, según el tamaño del animal, la longitud de sus patas y su forma natural de afrontar el trote.

Existe también un trote corto y apresurado, al que coloquialmente se le llama “trote cochinero”. Es un paso rápido, de cuatro tiempos, que resulta agotador para los animales aunque es cómodo para el jinete. En este tipo de paso, se apoya alternativamente cada pata sobre el suelo, rítmicamente, con una cadencia regular y perfecta.

En cualquier caso, el trote más rápido, siempre será de inferior velocidad a la del galope, como por ejemplo el de las carreras de trotones (de los que ya hablamos en El origen de las razas de caballos). Son poco conocidas en nuestro país, pero gozan de gran tradición sobre todo en los países anglosajones. En estas competiciones, el animal arrastra un ligero carricoche de dos ruedas. Los caballos se mueven con un trote ligero y armonioso, que controla el conductor con gran destreza.

El galope es una marcha de carrera. Es el paso más rápido del caballo, en el que el animal realiza un movimiento en tres tiempos. En el primero de ellos apoya una pata trasera. En el segundo movimiento la otra pata posterior y una delantera, y en el tercer movimiento, la anterior que faltaba. Este tercer tiempo es el único momento en el que los cuatro cascos se asientan sobre la tierra durante un momento, para iniciar de nuevo el proceso.

En esta modalidad de desplazamiento es la más rápida de todas y se utiliza para recorridos cortos a gran velocidad. Dentro del galope hay diferentes intensidades de carrera, conociéndose la modalidad más rápida como “galope tendido”. Los caballos más rápidos son capaces de alcanzar una velocidad de unos 65 km por hora.

Existe también un medio galope, que es muy similar al galope completo, pero con menor velocidad, y menor amplitud de zancada de las patas.

Estas marchas son las más conocidas, pero no las únicas. Existen otros tipos, como el paso de ambladura, o de andadura, en el que el equino mueve al mismo tiempo las dos patas del mismo lado. Es una marcha que resulta muy cómoda para el jinete, sobre todo cuando se monta de lado. Esta forma de cabalgar era la solían hacer las damas antiguamente. Este tipo de cabalgada se solía hacer con hacaneas, que era el nombre genérico que recibían unas jacas muy apreciadas, de mayor tamaño de lo habitual, pero de menor altura que un caballo. Su nombre procede del francés haquenée, y este del inglés hakeney, a su vez procedente de Hackney, localidad cercana a Londres, famosa por sus caballos.

Otra modalidad de movimiento del caballo es el paso rápido, que equivale a un trote lento. En este movimiento, los remos del caballo bracean más espaciadamente que en el paso normal, lo que permite que el caballo se desplace a una velocidad algo mayor, de aproximadamente unos cinco km a la hora.

La colaboración entre hombres y caballos es muy antigua y continúa todavía, aunque su actividad fundamental en el pasado, como animal de trabajo y medio fundamental de transporte, ha llegado a su fin en las sociedades occidentales, aunque en numerosos países sigue siendo utilizado para trabajos agrícolas o para el transporte de personas y mercancías.

En nuestra sociedad su uso ha quedado relegado a animal de silla en equitación, carreras hípicas y exhibiciones ecuestres, y cada uno de los pasos que hemos visto se utiliza para una actividad determinada.

Las carreras y los concursos hípicos

En casi todos los países existen pistas acondicionadas para carreras y concursos hípicos que según los países y sus tradiciones suelen atraer a más o menos aficionados.

Entre las carreras de velocidad, se celebran competiciones con tradición y fama como el conocido y prestigioso Derby de Kentuky, que se celebra una vez al año. Es una carrera para caballos estadounidenses de pura sangre, con tres años de edad, que se corre tradicionalmente el primer sábado de mayo en la localidad de Louisville, en Kentucky, Estado del que recibe su nombre. La carrera se celebra al galope, sobre una pista de una distancia de una milla y cuarto, equivalente a unos dos km, en un hipódromo conocido como Churchill Downs.

En éste festival hípico participan caballos que pertenecen a criadores y cuidadores con muchos años de tradición en el cruce y cría de ejemplares, que son entrenados con gran dedicación para conseguir caballos más veloces, resistentes e infatigables, y capaces de soportar el prolongado esfuerzo al que son sometidos en esta prueba.
Otra de las más conocidas pruebas es la carrera inglesa del Aintree Grand National. Es una competición de las más importantes que se celebran en el Reino Unido, y tiene lugar en el hipódromo de Aintree, en Liverpool.
Es una carrera de velocidad y salto de obstáculos, donde los tramos rectos se alternan con 9 vallas, setos y charcas, que obligan a caballos y jinetes a salvarlos con grandes saltos. La obligación de compaginar velocidad y saltos provoca en ocasiones caídas que, para los aficionados añaden emoción, pero que en ocasiones han terminado de modo trágico para jinetes y caballos.

Esta competición surgió a mediados del siglo XVIII de la tradición de la caza. Los prados abiertos se delimitaban con setos y cercados que tenían que ser superados saltando, durante las jornadas de caza. Algunos propietarios de estos caballos, querían demostrar que sus equinos eran los que mejor corrían, los más rápidos y los que saltaban más alto. Por ello empezaron a organizar carreras que tenían como referencia la distancia entre dos iglesias de la zona.

La primera carrera de obstáculos de la que se tiene constancia se celebró en 1803, cuando oficiales del ejército británico se retaron a correr en plena noche. La primera que se celebró oficialmente en Aintree, tuvo lugar en 1839, y actualmente se celebra todos los años el primer sábado de abril por la tarde. Los participantes han de dar dos vueltas al circuito, hasta recorrer 7 kilómetros, en los que se superan un total de 30 obstáculos, 16 en la primera y 14 en la segunda, al eliminarse en ésta segunda vuelta dos de ellos, conocidos como la silla y el salto del agua.

Puede haber hasta 40 caballos en competición, lo que unido a que algunos caballos continúan galopando aunque hayan perdido al jinete en algún salto, hacen del Grand National una carrera muy arriesgada para caballos y jinetes.

Además de las carreras, o de las carreras de velocidad con obstáculos, existen otros tipos de categorías. En las exhibiciones ecuestres, sobre todo en las morfológicas, la presencia del caballo es un factor primordial para la valoración de los jueces, pero también se tiene en cuenta la destreza de los animales. Los propietarios tienen la oportunidad de demostrar, no sólo la apariencia, sino también la inteligencia y la compenetración con el cuidador. Deben demostrar la excelencia de su linaje, una apariencia irreprochable, gracia en el porte, y prestancia en la marcha al paso, al trote, y al galope corto.

En las competiciones de saltos, sin embargo, se juzga la pericia del jinete, y del caballo a la hora de encarar los obstáculos, pero no su aspecto físico. En estos concursos se disponen vallados, setos y zanjas, que jinetes y caballos deben salvar. Sólo se valora la habilidad de ambos, sin que entren en valor otras consideraciones como la prestancia del animal, y la superación limpia de los obstáculos. Se penalizan los tropiezos al saltar cuando se tiran las vallas o los denominados “rehúses”, que se producen cuando el animal se niega a saltar los obstáculos.

Tampoco son muy populares, salvo en los Estados Unidos de América y en la zona norte de México los rodeos. Son competiciones en las que existen dos modalidades. La primera tiene como característica principal poner a prueba la destreza del jinete y su compenetración con el caballo para enlazar al ganado. El cowboy debe enlazar al ternero corriendo tras él al galope. Una vez que ha lazado al animal, desciende del caballo mientras éste mantiene tensa la cuerda atada a su silla. El vaquero hace caer al suelo a la vaquilla y le ata las patas. Todo ello en el menor tiempo posible.

La otra modalidad consiste en la doma de potros cerriles, que es el mayor atractivo de los aficionados a los rodeos y que atrae a más seguidores y aficionados. El “atractivo” de estos concursos consiste en el que el potro no desea ser montado y forcejea, salta, cocea y se retuerce para desembarazarse del jinete que no puede emplear más que una mano para sujetarse, y que debe mantener las riendas en alto en todo momento y por un tiempo mínimo estipulado en las normas. Aquí no hay paso que valga sino mantenerse y no caer.

Hasta hace sólo unos años, el caballo también se utilizaba en Inglaterra en las cacerías de zorros con perro. Esto, afortunadamente para los zorros fue prohibido en febrero de 2005. En esta práctica se utilizaban caballos veloces y con gran capacidad de salto que servían para perseguir a los perros en su carrera tras los zorros.

Era una práctica con tres siglos de historia, que costó abolir por la oposición de la Cámara de los Lores y de los habitantes de los campos inglés y galés, que defendían esta práctica porque aseguraban que generaba empleos y recursos para la zona, y que servía para el control de la reproducción de este mamífero, que, aseguraban, atacaba al ganado ovino y a los animales de granja.

Por Fernando J.Aguas

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